En el 2024 conocí a Catalina, quien desde hace unos años también le apostó a la vida tiempo completo en la montaña. Somos vecinas de vereda.
Llegué a su finca Rancho El Charquito para revisar el estado de su Apiario, el cual una persona "instaló" hace años y dejó abandonado y sin seguimiento.
Recuperamos algo de lo que quedaba, desde entonces volvimos a empezar con el Apiario El Charquito, está vez arrancando con 3 colmenas que sobrevivieron, cuidamos y fortalecimos y, una apicultora en formación, con toda la pasión y empatía por las abejas.
Hoy Cata, nos comparte lo que ha sido este proceso para ella.
La apicultura es un arte que requiere mente, cuerpo y, sobre todo, mucho corazón. Eso es lo que mi gran amiga me ha demostrado. Gracias por enseñarme el verdadero valor de las abejas, el cuidado minucioso que merecen y la inmensa responsabilidad que llevas a cuestas con tanto amor. Me enseñaste a tocarlas con respeto, a escucharlas y a perderles el miedo, al punto de entender que una picadura es solo parte del proceso y no un motivo para temerles. Tu guía me dio la calma que necesitaba. Admiro tu fuerza, tu conocimiento y esa conexión tan bonita que tienes con cada colmena. ¡Gracias por ser mi maestra en este camino! Con paciencia y con tu propio ejemplo, me enseñaste que tener un apiario no es un oficio, sino una gran responsabilidad con la vida. Hoy no solo admiro tu labor como apicultora, sino tu alma como cuidadora de la naturaleza.
Me polinizaste, gracias
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